jueves, 30 de mayo de 2013

Poema de los albaricoques


POEMA DE LOS ALBARICOQUES

En cada cosa que hago pongo mi alma.
Limpio una bandeja y pongo en ella albaricoques,
perfectos hijos del agua, la tierra y el sol.
Escribo un poema, compro zapatos,
sueño, mi amiga, con volver a verte.
En cada cosa que hago pongo mi corazón.

-Escrito por José Alfonso Pérez Martínez el 30 de mayo de 2013-


EL ÚLTIMO DÍA POR BEGOÑA LEONARDO


 
   La puerta estaba abierta,  pensé que al llegar de la calle se la habría dejado en un descuido. La edad no perdona... Las cortinas estaban corridas como si fuera media tarde, aunque, apenas era la hora del almuerzo, éso sí me extrañó, y un olor raro, rancio que impregnaba el ambiente.

Me asustó de repente el timbre del teléfono...
-¡Tía, el teléfono!, ¿dónde estás?... No obtuve respuesta. Descolgué, pero nadie dijo nada, y colgué enseguida.
Me dirigí al salón, tenía una sensación... me sentía observada. Aquella casa me provocaba angustia y, desde niña había evitado pasar en ella, nada  más que el tiempo estrictamente necesario. Tan gótica, parecía estar siempre a punto de pasar algo malo.
La tía Berta, es  la hermana pequeña de mi abuela Catalina, la que al final, después de numerosos pleitos, se quedó con el caserón familiar, que desde luego yo, no quería ni en pintura; aunque he de reconocer, que algunas obras de arte colgaban de sus paredes.
-¡Tía!, volví a llamarla...
De repente, envuelta en una neblina, una figura inquietante y desconocida avanzaba hacia mí por el pasillo. Saqué un hilillo de voz... - ¿Y mi tía?, como la respuesta se demoraba y mi nervioso corazón parecía desbocarse, no sé cómo, pero con una voz potente que en ese momento no reconocí como la mía, me arranqué  con otra pregunta. ¿Qué está pasando?...
Era una mujer la que se aproximaba y, sin pronunciar una palabra, con un gesto me pedía silencio. Yo, devorada por la desconfianza, no atinaba a hilvanar palabras con las que poder interrogar a la intrusa,  empezaba a sentir miedo ante su pétrea mirada.  Tenía frente a mí, al ser más escalofriante que jamás había visto. Se me paralizó la piel; su cara pálida, su cabello lacio tan bien peinado al milímetro, y toda de negro, parecía salida de una película de terror, claro que, el decorado no era para menos...
Con gran esfuerzo logré un momento alejarme de la ofuscación. Seguro que es una vecina,  aunque... La única que alguna vez se acercó por aquí, había fallecido hacía dos años.
... Al fin, se dirigió a mí con ademanes calmados y serenidad irritante.
Me dijo:
-Tranquila, estábamos esperándote. Tu tía no se quería ir sin ti.

sábado, 4 de mayo de 2013

MUERTE EN EL SIGLO XX


Hace algunos días mi esposa y yo fuimos a casa de un amigo, que es historiador 
era solo una reunión informal. 
El nos contó cosas a ella y a mi.
Eran cosas sobre el holocausto, acerca de todos esos crímenes 
que Hitler había cometido.
Eran cosas malas, evidencias de que nada de aquello había sido verdad. 
Decía que el holocausto había sido truqueado.
hablo acerca de las incongruencias en el numero de victimas,
la inoperancia de las supuestas cámaras de gas, 
la farsa de los hornos y del porque Alemania guardo silencio después de aquello.
Yo solo le preste atención a la mitad, mientras comía los alfajores
que su novia había preparado, 
la conversación se había vuelto de dos, entre el y mi mujer.
Escuchaba mordiscos de los alegatos de mi esposa a la contra,
que fueron mutando  en aceptación.
Yo escuchaba a medias, viendo el translucido escote de la novia de mi amigo;
ella me devolvía las miradas. 
El juego nos canso. luego ambos apagamos las luces de nuestra vista.
Al terminar la reunión, salimos. 
yo encendí el auto y me despedí de ambos. 
Mi esposa se había refugiado en el asiento trasero,
se despidió de la pareja con un gesto de mano bañada por la luz del atardecer. 
Recorríamos largas llanuras de asfalto  polvoso, ese paisaje que prometen
siempre al conducir un auto por carretera
 ''crees que sea verdad?'' pregunto ella
''¿que? ''replique absorto en la naturaleza tan poco exigente alrededor mio.
''todo lo que dijo tu amigo''
''debe estar loco o' quizás sea racista''
Le miraba por el retrovisor, no era ella quien estaba en ese rostro
''debe ser'' o algo así me dijo y no hablamos mas
siguió investigando por lo que supe, bastante.
Había una parodia que siempre nos hacia reír a ambos, 
sobre la Alemania nazi; era un sketch de comedia que teníamos grabado.
La siguiente vez que lo vimos, yo reí como de costumbre, a carcajadas.
Vi en ella una mirada muda, pensativa y reflexiva.
Me helo el vientre.
Tardamos mucho tiempo en volver a reír.

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