martes, 17 de septiembre de 2013

Cultura del corazón




 
“Toma tu barco y huye, hombre feliz, a vela desplegada, de cualquier forma de cultura”
Epicuro (Citado por Gustavo Bueno en “El mito de la cultura”)

 
Me resulta curioso el consejo de Epicuro ya que contradice lo que siempre me han enseñado: que la cultura es un valor importante, a conseguir con mucho esfuerzo y largos años de educación.

Por otra parte, los estados gastan mucho dinero en trasmitir a los jóvenes la cultura del país, así que la consideran un bien social muy valioso que hay que promover.

 Pero no me queda claro si esto tiene algún sentido para la vida personal y social. En concreto: ¿Para qué hay que ser entendidos en arte, ciencias etc., etc.? ¿Viviremos mejor y seremos más felices? ¿La sociedad será mejor si sus integrantes son gente de amplia cultura general?

Epicuro no era ningún delirante y debía tener en cuenta algún costado perverso de la cultura cuando recomendaba a los hombres que huyan de ella lo más lejos posible. Y lo recomendaba al hombre feliz, lo cual me hace sospechar que para él la cultura hace infeliz al ser humano. Más me confirmo en esta sospecha cuando leo que Bueno califica de “mito” a la cultura.  

Curiosa calificación. Mito es una fantasía socializada que intenta explicar, justificar o expresar el sentido de una realidad. El cuento que relata el mito  no es verdad en sí, pero esconde un concepto implícito que puede ser verdadero o falso, bien intencionado o perverso, liberador o esclavizante del hombre.

Tal vez lo que señala Bueno es que la cultura, tal como se la entiende en la modernidad, sería un mito que transmite subrepticiamente  una ideología falsa, justificante de  un estado de cosas que esclaviza al ser humano y lo hace infeliz.

 Tanto Epicuro como Bueno ponen en cuestión el valor humano de la cultura. Pero cabría preguntarse de qué están hablando cuando  la condenan sin atenuantes. Porque la cultura puede entenderse de muchas maneras y ellos, como cualquier otro, se refieren al modo particular que tienen en mente.

 ¿De qué hablamos cuando hablamos de cultura? Parece una pregunta ociosa, pero a
poco que intentemos una definición justa en cuanto a extensión y contenido se nos vuelve confuso lo que creíamos entender.

 En 1952  Alfred Kroeber  y Clyde Kluckhohn  llegaron a compilar una lista de 164 definiciones de "cultura" y actualmente podrían contarse más de 300. Esto  quiere decir que al respecto nadie tiene un concepto claro y preciso y que la palabra “cultura” se usa para referirse a cosas distintas, aunque de algún modo relacionadas, tal vez de modo  analógico. Lo que no está claro es cuál es el significado principal. Nadie confunde un producto cultural con una montaña o  un caballo, pero no sabemos bien por qué  una pala de punta  es menos cultura que una sinfonía, lo que nos permite pensar que todos tenemos del asunto una noción preconceptual confusa que las definiciones no logran delimitar claramente.

 Por eso dice Gustavo Bueno, tal vez con un poco de razón: “Es imposible entender qué es la cultura. Nadie puede decirlo y, sin embargo, sobre una idea tan confusa se establecen necedades que nadie entiende”

 En 1871, Edward Tylor publicó en Primitive Culture una de las definiciones más ampliamente aceptadas de cultura. Según esta definición la cultura sería “aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres, y cualesquiera otros hábitos y capacidades adquiridos por el hombre”. Y agregaba que "La principal tendencia de la cultura desde los orígenes a los tiempos modernos ha sido del salvajismo hacia la civilización”.

 No me resulta claro qué quiere decir Tylor. A ver si puedo explicarme.

 La cultura sería un proceso cuyo resultado es la civilización. Por otra parte, como opone civilización a salvajismo parece decir que la cultura es un proceso humanizante, si aceptamos que es más humano vivir en un mundo civilizado que en uno salvaje. Pero esto   es discutible y discutido desde diversos puntos de vista.

 Sería verdad si entendemos “salvaje” como vida bestial y “civilizado” como vida humanizada. Pero no sería verdad si “salvaje” se entiende como  vida  integrada a  la naturaleza —tal como la practican los grupos aborígenes— y “civilizado” como vida integrada a  las sociedades urbanas complejas, porque no está demostrado cuál de las dos formas es la más humana.

 Si civilizar significara humanizar, la cultura consistiría en una evolución sin fin desde condiciones de vida menos humanas a condiciones más humanas. Al respecto tengo mis dudas de que civilizar sea lo mismo que humanizar, si tenemos en cuenta que “humano” es quien está cualificado por los valores propios del hombre como tal, como justicia, lealtad, veracidad, solidaridad, etc. No encuentro tales cualidades en los hombres civilizados por el solo hecho de ser civilizados.

 Y hasta me animaría a decir que un hombre civilizado puede ser muy humano o, por el contrario, muy bestia. Basta para comprobarlo con mirar lo que pasa en nuestro mundo civilizado. Me animo a pensar que la humanidad no pasa necesariamente por la civilización.

 La definición de Tylor expresa la manera de entender la cultura desde una perspectiva ilustrada y desde esta perspectiva es comprensible que se considere a la civilización moderna como modelo de vida humana. Cuanto más culta una sociedad, más civilizada y más humana,  diría. Pero este modo de ver las cosas es harto problemático y no da razón de lo que sabemos por experiencia.

 Creo que la cultura conduce a distintas formas de  civilización, según qué valores considere fundamentales. Si la cultura enfatiza valores infrahumanos, construirá una civilización en que los niños mueran de hambre, los más débiles sean maltratados y la tierra quede arrasada. Será una cultura que se concreta en una civilización bestial. De esta cultura sin humanidad que se concretaba en una civilización violenta y despiadada —la griega—  aconsejaba huir Epicuro. El paralelismo con la cultura social y la civilización moderna  es más que evidente.

 Muy distinta sería una civilización que realizara como valores culturales fundamentales el respeto, la solidaridad  y la compasión entre los hombres.

 Tal civilización no es imposible, pero es de muy ardua realización, porque no condice con lo peor del ser humano.

 Para que tal cultura y civilización llegue a concretarse es necesaria una especie de conversión del alma de los individuos hacia los valores humanos cualitativos. Si tal conversión se hiciera masiva, habría una nueva cultura que generaría una civilización más digna del hombre.

 Para ello, se me ocurre pensar que sería conveniente  abandonar el concepto de cultura tal como se lo entiende en la modernidad y que Tylor recoge en su definición y volver al concepto clásico.

 El concepto clásico de cultura lo expresó Cicerón  al asignarle como objeto el cultivo del alma. Así como la viticultura se dedica a mejorar las propiedades de las vides para acercarlas  a los estándares de calidad exigidos por la época, la “cultura ánimi” trabaja sobre el sujeto humano para llevar a su perfección las  cualidades del alma que  en el “ethos” de cada pueblo, en cada etapa de su historia, se consideran propias de un ser humano hecho y derecho. Por poner un ejemplo, hoy diríamos que el ethos de las sociedades occidentales marca como  uno de los objetivos principales de la “cultura ánimi” la virtud  de la solidaridad, entre otras. La sociedad y el mismo sujeto, mediante diversos recursos, tienden  a cultivar  tales disposiciones éticas en el propio individuo y en los demás integrantes de la sociedad.

El ethos de cada pueblo define los valores que debe cultivar la cultura en las personas individuales. La cultura va creando un mundo más humano o menos humano, según el tenor de los valores que va realizando en las personas.

 La cultura ánimi no consiste solamente en cultivar las cualidades mejores de la persona  sino también en rechazar las peores, porque ambas clases solicitan al alma, como bien lo ilustró Platón con la imagen del carro tirado por dos caballos antagónicos.

 Tomada  en este sentido, la cultura es más una actividad personal que una actividad social,  que cada individuo debe realizar en sí mismo, porque la persona es el sujeto de su propio desarrollo y el último juez de lo negociable y de lo no negociable, teniendo en cuenta que no todo ethos es totalmente aceptable desde un punto de vista humano.

 La conciencia y el criterio personal es la última norma de la propia conducta y ante ella no hay cultura que se sostenga. Si el ser humano no fuera capaz de romper el caparazón de la propia cultura, nunca habrían surgido los genios creadores de un nuevo ethos, un nuevo espíritu y un corazón nuevo. 

 Una sociedad formada por individuos que han cultivado en su alma las virtudes humanas será una sociedad culta en humanidad, aunque no sea culta en "civilización al uso nostro".

Gracias por tu amable atención

                                                                             Raul Czejer

 

 

 

 

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